Presentación de “El hombre imaginado”

 Hace un tiempo, el 26 de marzo creo, publique aquí la nota de prensa que nos pasaron unos amigos anunciando la salida de su primer libro como editorial. El autor al que conozco de haber leído sus dos libros anteriores era José Ignacio Becerril Polo, pero creo que somos ya muchos los que nos referimos a el como Nachob. El libro es una antología de relatos al más puro estilo del autor, pero dividido en tres partes: Monstruos; Héroes y Estrellas. Mezclando Relatos de Fantasía con otros de Terror y alguno de Ciencia Ficción.

Prometí hacer una reseña en cuanto lo pudiese leer, pero una cosa por otra y mis ganas de tener mi ejemplar firmado me han retrasado un poco, resulta que la presentación del libro o por lo menos la primera es el 17 de mayo en Madrid y este archivista metido en mil historias, no va a poder ir. De todos modos les deseo a los chicos de Pedro Escudero Ediciones y a Nachob que se lo pasen muy bien y disfruten de la presentación.

Dejo aquí las señas por si alguien se quiere acercar y al menos me consuela saber que un amigo recogerá un libro firmado para mi y me lo traerá algún fin de semana.

Apuntad: El día 17 de Mayo a las 20:15 en el Café Matilda C/Almadén nº15 Madrid, Nachob presentara su ultimo libro “El hombre imaginado” y si le liáis se tomara algo ;)

Diseccionando Solaris

Diseccionando Solaris

Stanislaw Lem fue un escritor polaco nacido en Leópolis en 1921 y fallecido en Cracovia en 2006. Sus obras se han traducido a cuarenta idiomas y ha vendido veintisiete millones de ejemplares. Su trabajo más conocido, y del que vamos a hablar en parte, es la novela titulada “Solaris”. De ella se han escrito docenas de artículos en los que se realizan minuciosos estudios acerca del contacto con una forma de vida que desafía todos los cánones conocidos, la reacción del propio ser humano y su interacción con la misma (Lem era un apasionado de la comunicación tanto entre humanos como entre otras formas de vida ajenas a este), pero en este breve artículo vamos a diseccionar únicamente el planeta en sí. Solaris es, además del título de la obra mencionada, uno de los planetas más interesantes que pueden encontrarse en todo el universo con el único parangón posible de Arrakis, conocido como Dune, del que hablaremos en otro momento.

Solaris es un pequeño planeta del que poco se sabe a ciencia cierta y que orbita en torno a un sistema solar binario; esto es, con dos soles: uno rojo y otro azul. No posee una superficie sólida observable, si bien es muy probable que la tenga, y su superficie se encuentra totalmente cubierta por una especie de océano que, en circunstancias normales, podría hacerle pasar por un cuerpo celeste totalmente cubierto por agua. Sin embargo los estudios al respecto han tirado por tierra esta idea. Lo que en un primer momento parece un líquido elemento inerte es, en realidad, una sustancia de origen y composición desconocidos pero se asemeja a una gigantesca masa protoplasmática que convierte al planeta en el equivalente a un titánico ser vivo. Por lo que respecta a las observaciones realizadas y olvidando conceptos como el antropomorfismo y demás teorías sobre cómo debería ser la vida alienígena, Solaris sería un ser vivo y la masa líquida que le rodea bien podría considerarse su mente.

Solaris se trataría, por lo tanto, de una forma de vida alienígena que no tiene cabida en la limitada comprensión humana y que está dotada de vastas capacidades que no pueden ser explicadas de ninguna forma conocida. El océano es una entidad consciente o, cuando menos, reacciona como si lo fuera a los intentos de comunicación con ella. Sin embargo su actuación es, cuando menos, caprichosa e irregular, por lo que cabe la duda de si se trata de una criatura viva activa o meramente reactiva a los estímulos externos. Por ejemplo, el planeta corrige de forma constante su trayectoria en torno a la estrella binaria de la misma forma en la que una nave espacial lo haría para mantener una órbita regular y  geoestacionaria en torno a otro cuerpo celeste. Esto indica una capacidad de cálculo matemático y de voluntad de movimiento a pesar de toda la pasividad aparente que muestra ante un observador exterior en un primer momento. Una pasividad meramente aparente, en efecto.

El planeta reacciona ante los intentos de exploración como una entidad consciente, siendo capaz de reproducir imágenes del inconsciente de los seres humanos que se han aproximado a él en forma de construcciones gigantescas, proyectar pensamientos a distancia e incluso “crear” fuera de su superficie todo aquello que el observador imagine. Sin embargo, cualquier intento de comunicación es infructuoso, quizá porque el ser humano no está preparado para ello o quizá porque el planeta no lo desea. El intento de descifrar su intelecto y comportamiento se queda restringido a una lista de fenómenos observados atribuidos, con acierto, a Solaris. Si algún hecho ha quedado hondamente grabado en el investigador, el planeta es capaz de extraer dicha información y recrearla de forma tangible, lo que puede solarista a la locura. Uno de sus mayores méritos consiste en la recreación de personas fallecidas dotándolas de la personalidad, los recuerdos y la forma de actuar que tenían en vida.

Estas creaciones solarianas, al contrario que sus contrapartidas reales, son prácticamente indestructibles. El planeta puede ser considerado una entidad viva plenamente consciente de la presencia de observadores cuando estos se encuentran cerca de él. Solaris crea construcciones denominadas “momoides” y que imitan a formas terrestres, “simetríadas” y “asimetríadas”, que brotan de forma efímera y regresan al océano de nuevo y los “fungoides”, que nacen y crecen entrelazándose los tejidos vivos de un cuerpo humano. Pero, ¿desea realmente el planeta comunicarse con ellos? ¿Quiere establecer contacto y lo hace de las únicas maneras que un humano puede comprender? ¿O se trata de una forma de vida tan diferente a la nuestra que la comunicación es, sencillamente, imposible? Y la más curiosa, ¿considera Solaris al ser humano una criatura inteligente o sólo un animal al que mostrar que puede ver en su interior como en un libro abierto? Misterios nunca resueltos.

Para los cinéfilos acérrimos, recordemos que “Solaris” ha sido adaptada al cine por el director soviético Nikolái Nirenburg (1968), por el también soviético Andrei Tarkovsky (1972) y por el estadounidense Steven Soderbergh (2002). Oficialmente se considera que la versión de Tarkovsky es la que mejor adapta el contenido de la obra y resulta más fiel a la idea original de Stanisław Lem.

Fuente imagen: Fotograma de “Solaris” (Steven Soderbergh, 2002)

El asesino del torso

El Asesino del TorsoTal y como prometimos en una entrada anterior, vamos a hablar de “El Asesino del Torso de Clevelant”, de Ohio, reconocido como el primer asesino en serie de Estados Unidos. Asaltaba a sus víctimas en un solitario camino, Kingsbury Run, y tras coserlas a puñaladas y decapitarlas estando aún con vida, acostumbraba a cortarles los brazos y las piernas, dejando a los agentes de la ley únicamente el torso. Es destacable comentar que el hombre que tuvo que hacer frente a este sádico fue nada menos que Eliot Ness y sus “Intocables”, que habían conseguido poco tiempo antes encerrar al mafioso Alphonse Gabriel Capone, conocido como “Al Capone” o “Scarface”, por evasión de impuestos. Su reinado del terror se produjo entre los años 1935 y 1938, atribuyéndosele doce asesinatos entre vagabundos, prostitutas y personas de clase baja. Nunca fue capturado, aunque sí un sospechoso, Frank Dolezal, que se suicidó antes del juicio y no fue culpado oficialmente de los crímenes.

El 5 de septiembre de 1934 se encontró la parte inferior de un torso femenino en la playa. Al principio se pensó que se trataban de los restos de un experimento médico pero dado que había sido hallado semanas antes otro trozo de torso y ambas coincidían, se concluyó que había sido claramente un asesinato. Al no tener cabeza ni manos, no pudo identificarse el cuerpo. El 23 de septiembre de 1935 se halló en el llamado “Monte del Asno” un cadáver decapitado y castrado y, cerca, otro cuerpo de un hombre más anciano en las mismas condiciones. Sólo uno es identificado como Edward Andrassy. El 5 de junio de 1936 aparecieron el brazo y el torso de una mujer en un basurero y un día después el resto de sus extremidades en la nieve. El nombre de la mujer era Flor Estudillo. A los pocos meses de aquello se encuentra la cabeza de un hombre al que bautizan como “el Hombre de los Tatuajes” al no poder identificarlo. Se podrían dar más detalles macabros, pero creo que es suficiente por ahora.

La aparición del cuarto cuerpo forzó la actuación de Eliot Ness que tuvo que enfrentarse al primer asesino en serie de los Estados Unidos. Un sádico criminal que troceaba a sus víctimas, y dejaba sólo el torso, lo que hacía imposible su identificación al no tener huellas dactilares o registros dentales. Atacaba en las zonas donde la pobreza era mayor y, a pesar de que en Pennsylvania se encontró un cadáver similar con la palabra “Nazi” escrita en la piel usando un cuchillo, se consideró que era un asesino imitador (en la terminología de los profesionales que investigan los crímenes, esto se denomina un “copycat”). El verdadero poseía una minuciosidad que rallaba en la obsesión: no había manchas de sangre y todas las víctimas habían sido lavadas a conciencia previamente a ser abandonadas. Esto indicaba organización: el asesino mataba en un sitio transportaba el cuerpo a otro, donde eran hallados. Como en el caso de “Jack el Destripador”, la policía recibió correspondencia del asesino.

Al “Asesino del Torso” de le atribuyeron doce muertes de hombres y mujeres de clase baja, como ya hemos comentado, y la policía identificó únicamente a dos de ellas. Se siguió a diez sospechosos y diez años que duró la investigación. Se decía que el criminal era que se trataba de un hombre con preparación médica y que drogaba a sus víctimas antes de matarlas, al menos en opinión del Juez del Condado Samuel Gerber. Según Eliot Ness era un hombre fuerte con un escalpelo. Ambas ideas, no obstante, no son incompatibles. Torsos, esqueletos, partes de cuerpos, incluso un cadáver metido en un refrigerador para detener la descomposición… parecía una burla preparada para Eliot Ness y se llegó a pensar que era la venganza de Al Capone, pero esa idea fue descartada. No obstante su frustración fue en aumento y llevó a cabo medidas desesperadas, como quema de bodegas y más sesenta detenciones, que no agradaron a quienes le habían visto como un héroe.

Se detuvo a Frank Sweeney, un médico esquizofrénico, que fue sometido a tortura para que confesase que era el criminal. No obstante, no había pruebas sólidas contra él y se internó voluntariamente en un centro de salud mental. Cuando eso ocurrió, los crímenes se detuvieron, pero pudo ser una estrategia del verdadero asesino para quitarse de en medio. Incapaz de soportar su derrota Eliot Ness, sorprendentemente, se volvió alcohólico y tras sufrir un accidente de tráfico en 1942, dimitió de su puesto. Más de diez años después, Ness recibió postales de un enfermo mental que afirmaba ser “El Asesino del Torso” y, aunque el investigador le creyó, poco le importaba. Este caso le había producido una depresión que no pudo superar y murió en 1957. El caso quedó sin cerrar y la consigna de que “el Mal nunca triunfa”, quedó en entredicho para siempre.

Fuente: Imagen de archivo; búsqueda de fragmentos de víctimas del caso

El basilisco

El Basilisco

El basilisco, del griego “basiliskos” que puede traducirse como “pequeño rey”, tuvo su origen en dicha mitología. Como todos los mitos, fue sufriendo transformaciones a lo largo de los siglos si bien, originalmente, era una pequeña serpiente venenosa que podía matar con la mirada. Dado este poder, se le consideraba el rey de las serpientes. Las distintas interpretaciones de la criatura también han sido de carácter total o parcialmente reptiliano. El basilisco tenía cierto parentesco con la cocatriz, otra horrenda criatura, pero mientras que el primero era el resultado del cruce un gallo con una serpiente, que ponía un huevo que era custodiado durante años por una gallina sapo, la cocatriz nacía de un huevo de gallina empollado por un sapo. Con el tiempo estas diferencias quedaron diluidas hasta resultar confusos. Como en el caso de la Gorgona, que posteriormente pasaron a ser sólo tres; Medusa, Esteno y Euríale, y que tenía serpientes como cabello, su mirada petrificaba a su víctima.

Se aconsejaba el uso de una armadura de espejos para que el basilisco se mirase a sí mismo y se convirtiera en piedra. La leyenda cuenta que así fue como Alejandro Magno acabó con uno: obligándole a mirar su propia imagen en un espejo. Es posible que toda la leyenda del basilisco tenga su origen en el fenómeno que sufre la gallina en su senectud, que cambia de sexo, canta como el gallo y le brota carne sin plumas (carúnculas), aunque sigue poniendo huevos. En su obra “Naturalis Historia”, Plinio el Viejo situó el origen del basilisco en Cirene y le dotó de una extensión de unos veinte dedos como máximo. Marcado con una mancha blanca en la cabeza, dotado de la habilidad de matar con la mirada y cuyo aliento era capaz de marchitar la vegetación a su alrededor y congelar la tierra. El libro aseguraba que las formas seguras de eliminarle eran obligarle a escuchar el canto del gallo o con una comadreja, cuyo olor mataba al basilisco, aunque el mamífero también moría.

Isidoro de Sevilla, sobre el siglo VII, le rebautizó como el “rey de las serpientes” y en el siglo VIII se le añadió a la criatura una cresta en forma de corona, quizá para representar este dominio sobre el resto de reptiles. Sobre esa época, San Veda o “Beda el Venerable” asentó el mencionado nacimiento del basilisco del interior de un huevo de gallina. Petrus de Apono en el siglo XIV y Alexander of Neckam en el siglo XVIII afirmaban que el peligro de la criatura no se encontraba en su mirada, sino que el mortal aliento que exhalaba contaminaba el aire corrompiéndolo hasta causar estragos con él. En el siglo XIII, el autor francés Pierre de Beauvais escribe un bestiario (muy de moda en los tiempos antiguos) en donde afirma que el basilisco nace a partir de un huevo puesto por un gallo de siete años y que es incubado por un sapo durante otros nueve, heredando así las características físicas de ambos animales: cabeza de gallo, cuerpo de sapo y cola de serpiente terminada en un garfio.

Otra teoría habla de un huevo puesto por un gallo e incubado por una serpiente, naciendo el basilisco con cresta, lengua de serpiente y cuerpo de gallo. En lo que todos los autores parecen estar de acuerdo es en que su hábitat natural era un desierto que él mismo creaba debido a sus dañinos poderes que, en algunos tratados, incluyen la exhalación de fuego y la capacidad para envenenar las aguas. Otras fuentes le añaden alas espinosas y cola en forma de lanza. El miedo a esta criatura y la creencia en su existencia era tan real que un sapo fue acusado en Suiza por encontrársele saltando junto a un huevo. Bajo la acusación de estar implicado en el nacimiento de un basilisco fue juzgado y condenado a la hoguera con la solemnidad propia dada a un ser humano. En el Antiguo Egipto ya se pensaba que nacía de huevos puestos por Ibis, un ave sagrada de color blanco con plumas negras en la cabeza y que era considerada una reencarnación Thot, dios de la sabiduría.

Curiosamente, y como sucede con todos los mitos y leyendas que perduran siglos en el tiempo, hasta bien entrado el siglo XVIII no se descartó de forma definitiva la existencia de esta fantástica y terrible criatura mitológica.

El Experimento

El Experimento
La película alemana “El Experimento” (“Das experiment”, Oliver Hirschbiegel, 2001) acerca de la autoridad y el sometimiento a la misma está basado en el experimento de la cárcel de Stanford en 1971. La Armada de los Estados Unidos quería una respuesta a los conflictos que se producían en su sistema de prisiones y en el cuerpo de Marines, por lo que decidió subvencionar dicho experimento. Tras seleccionar a los individuos que iban a participar en el mismo mediante un anuncio en prensa y una serie de pruebas y entrevistas, se procedió a dividirlos entre presos y carceleros, al azar. Los veinticuatro escogidos eran jóvenes sanos, psicológicamente estables, caucásicos, de clase media y estudiantes universitarios. Dentro de los seleccionados, los “prisioneros” afirmaron que “guardias” eran de complexión más robusta, aspecto que puede ser meramente subjetivo, y que podía mostrar cierta predisposición al victimismo por parte de los primeros.

El equipo de investigadores y controladores del experimento estaba liderado por Philip Zimbardo de la Universidad de Stanford. Para su inmersión en el papel, los participantes considerados “prisioneros” fueron detenidos en por la violación de los artículos del código penal 211 y 459, correspondientes a atraco a mano armada y robo. Se les leyeron sus derechos, se les dijeron los cargos por los que eran supuestamente detenidos y se les registró y esposó de la manera habitual como trabaja la policía. Una vez en comisaría se les fichó, se les leyeron nuevamente sus derechos y se les tomaron las huellas dactilares y se les encerró en una celda con una venda que les privaba de poder ver. Esta situación trataba de provocar un shock en los participantes que fueron llevados uno a uno ante el “alcaide” de la prisión. En dichas reuniones se les informaba de lo terrible de la “falta cometida” y su nueva convicción de reclusos, con la pérdida de libertades y derechos que ello conlleva.

La prisión fue construida en el sótano del departamento de psicología de Stanford. El “alcaide” era un investigador asistente y Philip Zimbardo se reservó para sí el papel de “superintendente”. Tras la charla, los “reclusos” fueron registrados, desnudados y despiojados mediante un lavado a presión. Los “reclusos” vestían una bata, sin ropa interior, sandalias de goma, medias de nylon en la cabeza simulando tenerla rapada, una pequeña cadena simbólica en el tobillo y eran llamados por números en lugar de por sus nombres. Dichos números estaban cosidos a su bata. Los “guardias” recibieron uniformes escogidos por ellos mismos, una porra y gafas de espejo para evitar el contacto visual. La idea era provocar desorientación, despersonalización y desindividualización, tres objetivos que sin duda lograron. Los “guardias” podían regresar a casa una vez transcurrida su jornada laboral, pero parecían disfrutar tanto de su trabajo que hicieron horas extra sin recibir dinero por ello.

Se autorizó a los “guardias” a provocar en los “reclusos” aburrimiento, cierto grado de miedo, arbitrariedad en sus órdenes y decisiones y provocar sensación de impotencia. Y aquí fue donde comenzó el caos. El experimento se descontroló a pasos agigantados. Los “reclusos” fueron tratados de forma sádica, humillante y vejatoria. Los “guardias” usaron extintores para sofocar un motín, castigaron físicamente a los prisioneros cuando las normas eran incumplidas, la higiene y la hospitalidad fueron olvidadas hasta el punto de tener que pedir permiso y esperar durante mucho tiempo para obtener permiso para ir al lavabo; permiso que podía denegarse. Se quitaron los colchones de algunas celdas, forzando a los “reclusos” a dormir en el suelo. Pero lo más curioso es que, tras escuchar la idea de un supuesto plan de fuga, los “guardias” quisieron trasladar a los prisioneros a una cárcel real. Pensando que no estaban siendo observados, durante la noche recrudecían sus acciones.

Varios de los “reclusos” sufrieron desórdenes emocionales agudos, hubo un caso de sarpullido psicosomático, llantos, pensamiento desorganizado, traumas agudos (que llevaron a retirar a dos participantes del experimento) e incluso hubo una huelga de hambre por parte de uno de los “reclusos” de reemplazo que fue humillado y castigado de forma ejemplar. Como puede verse, el experimento había perdido el rumbo o, cuando menos, estaba más allá de toda ética y moral. Este aspecto fue denunciado por Christina Maslach, una estudiante de posgrado que desconocía el experimento hasta el día en que se lo mostraron. Debiendo haber durado catorce días, el experimento quedó cancelado de forma definitiva al sexto día. Curiosamente muchos de los “guardias” se enfadaron al conocer la noticia.

Las conclusiones parecen demostrar la impresionabilidad y la obediencia de un individuo cualquiera si se le proporciona una ideología y apoyo institucional, así como el poder de la autoridad. Sin embargo se incumplió una norma básica en todo experimento: Philip Zimbardo no fue un mero observador, sino que intervino directamente en él lo que lo hace muy subjetivo en sus apreciaciones. Un odioso experimento que, cuando menos, dio como fruto una interesante película.

Fuente imagen: Carátula “El Experimento” (Oliver Hirschbiegel, 2001)

El Asesino del Zodiaco

El Asesino del Zodiaco

El autoproclamado “Asesino del Zodiaco” mantuvo un terrible reinado de terror en el Estado de California, Estados Unidos, entre los meses de diciembre de 1968 y octubre de 1969. Parte del atractivo y del misterio que este despiadado asesino despierta es el hecho de que, como ya sucediese con “Jack el Destripador” de Londres y el “Asesino del Torso” de Cleveland, jamás fue capturado por la policía de la época. Pese a que no existe el crimen perfecto, su mente brillante y su perversidad llevaron de cabeza a los investigadores que reabrieron el caso en 2003, a causa de la no coincidencia de las huellas del asesino con el principal sospechoso, Arthur Leigh Allen a quien apuntaban casi inequívocamente todas las pistas, lo cerraron en 2004 y lo reabrieron nuevamente en 2007. De forma oficial, y como ya se ha dicho, la identidad de este asesino es desconocida de forma oficial aunque existan diversas líneas de investigación abiertas que pudieran haber ofrecido luz sobre la misma.

A pesar de que confesó en una carta haber asesinado a treinta y siete personas, lo cierto es que la policía sólo pudo confirmar siete agresiones: cuatro hombres y tres mujeres. Existen una serie de víctimas que son atribuidas extraoficialmente a este asesino (como sucediera con “Jack el Detripador”, al que se le situaba en el escenario de más asesinatos de los cinco que pasaron a la historia) pero nunca han existido pruebas concluyentes y se tratan de meras especulaciones. Dos de esas víctimas sobrevivieron a su asalto y ofrecieron una serie de pistas acerca de su aspecto físico que, si bien eran pistas muy importantes, no resultaban concluyentes. Lo único que se sabe sobre él a ciencia cierta es que era un varón caucásico, entre veinte y treinta años, de constitución fuerte, cabello castaño y con una inusitada habilidad para el cifrado de mensajes, lo que denotaba una inteligencia muy por encima de la media. Las cinco muertes atribuidas oficialmente a “El Zodiaco” fueron:

Cerca de la ciudad de Benicia (Condado de Solano, California), concretamente en Lake Herman Road fueron asesinados por arma de fuego David Arthur Faraday (19 años) y Betty Lou Jensen (16 años) el 20 de diciembre de1968. En Blue Rocks Springs en un campo de golf a las afueras de Vallejo, Michael Renault Mageau (19 años) y Darlene Elizabeth Ferrin (22 años) fueron disparados el 4 de julio de 1969. Darlene sobrevivió un corto periodo de tiempo al ataque, mientras que Michael se recuperó totalmente. Bryan Calvin Hartnell (20 años) y Cecilia Ann Shepard ( 22 años) fueron apuñalados el 27 de septiembre de 1969 en Lake Berryessa, ubicado en el Condado de Napa, que actualmente se denomina la isla del Zodiaco. Pese a recibir seis puñaladas, Bryan logró sobrevivir, pero Cecilia murió dos días después del ataque. La última muerte confirmada, por arma de fuego, es la de Paul Lee Stine (29 años), el 11 de octubre de 1969 en Presidio Heights (San Francisco).

Las víctimas no confirmadas son, entre otras, Robert Domingos (19 años), Linda Evans (17 años), Cheri Jo Bates (18 años), el secuestro de Kathleen Johns (22 años) que junto a su hijo logró escapar del asesino, y la desaparición de Donna Lass (25 años) vista por última vez el 26 de septiembre de 1970 en South Lake Tahoe (California). No se descarta la posible intervención de imitadores y, además, existieron problemas jurisdiccionales (muy típico por desgracia) que dificultaron las investigaciones. Se recibió una postal de “El Zodiaco” que decía: “Me gusta matar gente porque es mucho más divertido que matar animales salvajes en el bosque, porque el hombre es el animal más peligroso de todos. Matar algo es la experiencia más excitante. Es aún mejor que acostarse con una chica. Y la mejor parte es que cuando me muera voy a renacer en el paraíso y todos los que he matado serán mis súbditos. No daré mi nombre porque ustedes tratarán de retrasar o detener mi recolección de súbditos para mi vida en el más allá”.

En 2012 se publicó el libro “El Asesino del Zodíaco: La Verdad Silenciada” (“The Zodiac Killer Cover-Up: The silenced Bagge”) donde el escritor y ex policía Lindon Lafferty afirma que el asesino aún está con vida, contaba en aquél entonces con 91 años de edad y, lo que es casi más impactante, que una trama de corrupción en la policía desvió la investigación por caminos estériles y fue la causa de que los crímenes no fueran resueltos con la premura que el público pedía. Como podemos comprobar, “El Asesino del Zodiaco” es un misterio dentro de otro misterio.

Fuente imagen: Portada de la película “Zodiac” (David Fincher, 2010)

Hombres Lobo

Hombre LoboA pesar de su terrible ferocidad y del salvajismo sangriento que siempre despliega, el hombre lobo puede considerarse una de las criaturas sobrenaturales más patéticas. Como esclavo de la luna llena, que rige sus transformaciones, no puede luchar contra sus instintos salvajes. Ojos rojizos, colmillos prominentes y un cuerpo hirsuto son las características más reseñables de este ser, condenado a asesinar a los que fueron sus semejantes cada vez que la luna está en su máximo apogeo. Mientras el vampiro se alimenta de la sangre de sus víctimas, el hombre lobo lo hace destrozando el cuello de sus presas para matarlas y después saciarse con su carne. Para que otro ser humano sea transformado en hombre lobo, debe ser herido por la bestia, bien mediante un mordisco o a causa de sus afiladas garras. Otras tradiciones afirman que el hombre lobo no se hace, nace o es transformado mediante rituales chamánicos en los que el ser humano deja salir su yo animal interno. Lo veremos un poco más adelante.

Pero, ¿de dónde procede la leyenda del hombre lobo? La enfermedad, conocida como licantropía, se conoce desde hace mucho tiempo. Dolencias como la rabia y la hipertricosis (crecimiento excesivo del vello corporal) proporcionan una cierta explicación parcial. La otra parte, como es lógico, hay que buscarla en el folclore. Las culturas antiguas que usan el chamanismo y los tótems como manifestación de poderes sobrenaturales por lo que un individuo cualquiera cree poseer el espíritu de la criatura a la que el tótem o la máscara que lleve puesta represente. Por ejemplo en África la forma más común que adopta este tipo de criaturas es de hiena, pantera o guepardo y en Canadá de oso, pero en Europa siempre ha existido la creencia en el licántropo, nombre que deriva de Licaon, rey de Arcadia, condenado por Zeus a convertirse en lobo. En Roma era sinónimo de locura y Gaius Petronius Arbiter, conocido como Petronio así lo cita en su “Satiricon” una obra muy atrevida para el siglo I en el que fue escrita.

Vamos a mencionar algunas formas de convertirse en hombre lobo: caminar por la fría estepa y saltar sobre un árbol caído, sufrir una herida por un cuchillo de cobre, beber el agua estancada en una huella de loco, comer los sesos de un animal tras cazarlo, tener relaciones sexuales con un hombre lobo, usar una prenda hecha de piel de lobo, frotarse con un ungüento hecho con venas de loco, patas de zorro, sangre de murciélago y grasa de niño cubriéndose luego con la piel de un lobo y la más extraña: nacer después de mellizos o gemelos siendo hijo varón. No obstante los principales medios de contagio son los ya mencionados. Naturalmente Satán no se libra de la culpa de la existencia de esta criatura y se dice que someterse a sus designios puede conllevar esta metamorfosis como recompensa, que enlazaría directamente con la antropofagia (directamente canibalismo en este caso). También existe la Licantropía clínica, en la que el enfermo cree que se transforma en algún animal.

El hombre lobo ha sobrevivido al tiempo prácticamente sin un apoyo literario como pudiera ser el que tiene el vampiro “El Vampiro” (“The Vampyre”, John Polidori, 1816), “Carmilla” (“Carmilla”, Sheridan Le Fanu, 1872), “Drácula” (“Dracula”, Bram Stoker, 1897 y muchos otros). Todo esto hace de esta ficticia criatura algo admirable y también representa la recuperación de la perdida conexión del hombre, salvaje en el fondo, con la naturaleza.

Por último, y parafraseando la moraleja de la maravillosa y surrealista película de Neil Jordan “En Compañía de Lobos” (“The Company of Wolves”, 1984):
“¡Ay de aquella que el sendero deja!
No os fieis de ningún forastero
si queréis elegir vuestro derrotero.
Sed bellas, pero también sagaces,
un lobo se esconde tras mil disfraces.
Ahora, como antes, es una verdad evidente:
cuanto más dulce la lengua, más afilado el diente”.

Fuente imagen: Fotograma de “El Hombre Lobo” (Joe Johnston, 2010)

Los demonios

Lo Demonios

Cuando Lucifer se rebeló contra Dios y, tras la Batalla en los Cielos, fue expulsado, sus tropas cayeron con él al Infierno, el lugar donde sería recluido en espera del Apocalipsis, donde tendría de nuevo su oportunidad de enfrentarse a Dios. Aquellos que fueron desterrados con él Hijo de la Aurora, reciben el nombre de “demonios”. Tal es la historia conocida por la tradición judeo-cristiana; el demonio es un ser sobrenatural no humano cuyas intenciones son siempre malvadas. Aunque se considere que sólo existe un Diablo (Lucifer) también se encuentra englobado dentro de la categoría de demonio y algunos pueden tener varias personalidades en su interior. La etimología de la palabra, no obstante, procede del griego “daimôn” y hace referencia a un ser neutral, sin la connotación maligna que le tenemos asignada. La posterior transformación de la palabra en “daimonion” fue lo que le dio el sentido maléfico, cuando originalmente sólo se refería a lo que podríamos llamar “espíritu”.

En el siglo XVI, la joven de diecisiete años Jeanette d’Abbadie confesó ante un tribunal haber tenido tratos carnales con Satán (otro de los nombre de Lucifer). Al igual que ella, todas las endemoniadas, campesinas o monjas de clausura, sufrieron terribles torturas a manos de la Santa Inquisición antes de terminar ardiendo en la hoguera. Se las consideraba poseídas por algún demonio, madres del futuro Anticristo, encarnaciones de los seres del Averno (otro de los nombres para el Infierno) adoradores del demonio o brujos que practicaban misas sacrílegas donde se sacrificaban niños o animales tales como el gallo negro o el gato negro. Lo cierto era que la curiosidad por ver actuar al Diablo o a cualquier demonio resultaba mucho más fuerte que las acciones de este, que sólo tenía que sentarse a esperar para ver a los seres humanos sacrificar a otros en su nombre por la supuesta salvación de las almas de los inmolados.

El aspecto de estas criaturas ha ido cambiando a lo largo de los siglos de acuerdo a la imaginación y las cualidades de los artistas. Uno de los primeros libros acerca de la demonología (la rama de la teología principalmente que se encarga del estudio de los demonios) fue el llamado “Malleus Maleficarum” (“Martillo de las Brujas”) escrito hacia 1486 por los inquisidores pertenecientes a los dominicos Jakob Sprenger y Heinrich Kramer. El libro ofrece toda una muestra de imaginación e ingenio para reconocer y procesar de forma cristiana a una bruja, mujer que tenía tratos con los demonios. Durante trescientos años se convirtió en el libro de cabecera de todos aquellos que estudiaban a los demonios y sus ayudantes en nuestro mundo. Por él, miles de personas fueron torturadas y llevadas a la hoguera. Hoy en día puede encontrarse en su traducción al castellano, si bien se desaconseja fervientemente, y a la luz de la razón, seguir cualquiera de los consejos que el tomo ofrece

Otros de los libros más importantes fue escrito por Jacques Auguste Simon Collin de Plancy, “El Diccionario Infernal” (“Dictionnaire Infernal”) cuya primera edición no contuvo las ilustraciones por las que fue conocida después su cuidada edición de 1863. En él se describe el aspecto de todos los demonios conocidos así como su posición dentro de la jerarquía infernal. El Nuevo Testamento confirma la existencia de los demonios, a los que Jesucristo es capaz de expulsar con un simple gesto de su mano, y el Sagrado Corán también afirma la existencia de ángeles y demonios a los que añade una tercera raza: los djinn, que en occidente denominamos “genios”, amorales y procedentes del fuego. El Antiguo Testamento menciona a Satán como un ángel a las órdenes de Dios y cuya función es la de tentar a los mortales para comprobar su fidelidad al Hacedor. ¿Dios tiene en nómina a Satán? El episodio de las tentaciones de Job es muy ilustrativo a este respecto.

Tres de las encarnaciones, sino más populares al menos más acertadas de demonios para el cine fueron realizadas por Robet de Niro en “El Corazón del Ángel” (“Angel Heart”, Alan Parker, 1987) donde interpretaba a Louis Cyphre, Jeff Goldblum en “Mister .Frost” (“Mister .Frost”, Philippe Setbon, 1990) y el pequeño Damien, el mismímo Satanás en “La Profecía” (“The Omen”, Richard Donner, 1976). Existen otras muchas, por supuesto, pero ya comenzaríamos a hablar de un tema que dejaremos para otro artículo, las llamadas “posesiones demoniacas”, un tema que da tanto de sí como se quiera y que siempre está de actualidad.

Fuente imagen: Fotograma de “Historia de la Brujería” Benjamin Christensen, 1922.

El Golem

El Golem

Dentro de las criaturas artificiales, una de las más importantes es el golem. El significado de la palabra es “materia amorfa” y en el folclore medieval y la mitología judía aparecen con cierta asiduidad. Estos seres sólo podían ser creados por rabinos siguiendo el Libro de la Creación o “Sefer Jetzirah”, cuya fórmula había sido creada por Eleazar de Worms en el siglo XI. Dado que Adán fue creado del barro, existe una semejanza entre el ser humano y el golem pero, entre otras muchas cosas, este último era incapaz de hablar. Una vez modelada la criatura, en su frente, tras los dientes o en la lengua debe escribirse la palabra “Aemeth” que significa “verdad”, que se dice que fue la palabra pronunciada por Dios al crear al Padre de todos. Cada viernes, debe borrarse la primera sílaba, “Ae”, quedando la inscripción reducida a “Meth”, que significa “muerte”. Así el golem respetaría la santidad del sábado.

Esta criatura fue creada para la defensa del pueblo judío, perseguido desde sus inicios. La historia a este respecto más conocida cuenta cómo el Rabino Judah Loew ben Bezalel, llamado el Maharal de Praga, creó un golem allá por el siglo XVI. Su propósito fue defender el gueto de Prada de Josefov de los ataques antisemitas al mismo tiempo que el mantenimiento de la sinagoga de dicho lugar. También hay una leyenda que cuenta cómo una mujer-golem, doble de Isabella de Egipto desposó a Carlos V, hijo de Juana la Loca. El emperador anuló dicho matrimonio, aunque el destino del hombre no fue mejor al casarse con una mandrágora, otra mujer artificial que se dice que procedía del mismo Edén pero sólo crece en los patíbulos, a causa del semen de los ahorcados en la eyaculación póstuma. Al igual que el golem, la mandrágora y otros humanoides influyeron en la creación de la novela de Mary Shelley “Frankenstein o la Leyenda del Moderno Prometeo”.

Los golems no son criaturas inteligentes y, si se les ordena llevar a cabo una tarea, la ejecutarán de modo tenaz, pero lento y ejecutando las instrucciones lo más literalmente posible. Ni que decir tiene los riesgos que esto puede reportar. El cine ha representado en numerosas ocasiones esta figura o aquellas que se derivan de ella. Por ejemplo, la primera de todas ellas fue “El Golem” (“Der Golem, wie er in die Welt kam (The Golem”), Henrik Galeen, 1920) aunque también puede considerarse dentro de esta clasificación “Metrópolis”, (Metropolis, Fritz Lang, 1927) que introduce el robot en lugar del golem (palabra derivada del checo “robota” y que significa “trabajo duro”) aunque sus funciones sean muy parecidas. Hoy en día la figura del golem se encuentra bastante olvidada en beneficio de otras como los vampiros y los hombres-lobo. Esperemos que este artículo sirva como recordatorio de estas criaturas humanoides.

Fuente imagen: Fotograma de “El Golem” (Henrik Galeen, 1920)

El hombre imaginado

Los amigos  de Pedro escudero ediciones  nos han facilitado la nota de prensa  del que sera su primer libro, conozco al autor de  haberle leído  en “El monstruo en mi” y fue un libro que me encantó y del que guardo buen recuerdo.  En unos días , tras leerlo y  meditarlo  haré una reseña  sobre  el, tiene muy buena pinta  la verdad.banner

Título: El Hombre imaginado

Autor: José Ignacio Becerril Polo

Colección: Singular

Géneros: Fantasía, Ciencia – Ficción, Terror

Código: S001 – 2013

Depósito Legal : VA 183-2013

Páginas: 311

“El hombre imaginado” es el tercer libro publicado por el autor de origen zaragozano, aunque afincado en Madrid, José Ignacio Becerril Polo, que gusta de ser conocido como “Nachob”. Hombre hogareño, de actitud afable e ingenioso conversador, ha vertido en las páginas de su nueva creación parte del caudal de imaginación que desborda a cada momento. Esta nueva antología puede considerarse una continuación de su anterior obra, el exitoso “El monstruo en mí” publicada por “Saco de Huesos” en 2011, en donde el autor profundiza en la naturaleza del ser humano desde diversos ángulos dándonos perspectivas únicas que a buen seguro resultarán interesantes para el lector. Rudo, valiente, sensible, cruel, egoísta, piadoso… “el hombre imaginado” de Nachob es estudiado desde todas las épocas y bajo todas las ópticas posibles, pero siempre de forma eficaz y cuidadosa. “El hombre imaginado” ha sido dividido por deseo expreso del propio autor en tres secciones que abordan lo que él ha considerado la parte “De Monstruos”, principalmente de terror; la “De Héroes”, con relatos legendarios y casi mitológicos y “De Estrellas”, con historias situadas en un futuro de ciencia ficción. Además ha resuelto que existan dos formas de lectura: la que atraviesa las tres secciones de principio a fin y una segunda, más íntima, en la que el Nachob nos propone leer los relatos siguiendo el orden en que fueron escritos. Sea como sea que el lector elija leerlo, “El hombre imaginado” es una experiencia única que deja una huella indeleble en la mente y en la conciencia del lector. Porque todos somos monstruos y héroes… y soñamos con las estrellas.

Ficha completa del libro: http://pedroescudero.pro/el-hombre-imaginado/